viernes, 3 de abril de 2026

Ya llegué....

 

De noche, siempre de noche, cruzo la ciudad para verla. Una brújula interna , algo que no entiendo, quizás un placer culpable,  me lleva  hasta su casa para cruzarnos desnudos como animales salvajes.

"Ya llegué"... escribo en el celular para avisarle. Al acercarme sé que me espera detrás de la puerta...la cómplice de momentos de locura. La misma, pero distinta en cada encuentro. La puerta se abre y su perfume me recibe como un abrazo suave, tras la penumbra es ella la que transforma el espacio en algo deliciosamente prohibido y dulce. El roce primero de las manos, cadera con cadera y luego de las bocas,  despierta un hambre atávica, algo primitivo y poderoso que transcurre sin tiempo, siempre entre paredes, oculto a otros.

Se desata en mi interior la fiera, el lobo estepario que sale de su cueva para cumplir con su cometido, la cópula sagrada que llena su vientre cada vez y se retira sin dejar frutos a futuro. Después de la locura, como un ritual, la observo desnuda mientras su cabeza reposa en mi brazo. Ella me escucha y la miro con sus formas más redondas, la piel menos turgente, reconozco cada espacio recorrido con mis manos, boca y besos. Su respiración sube y baja, relajada, a veces aún ansiosa y entiendo al hundirme en su mirada apenas visible en la semi oscuridad, que seguiré llegando -como un lobo hambriento-  cada luna, hasta saber que ya no estará más detrás de aquella puerta.